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Caminaba lentamente bajo la lluvia aquél día.
No porque el cielo estuviera lleno de nubarrones en escalas de grises. De hecho, el firmamento era un paleta de colores tirada al blanco que contrastaba visiblemente con mi estado de ánimo. Había lluvia, sí, en mis ojos que no paraban de llorar.
Era un sensación extraña, pues mientras no paraba de llover en mi ser, al mismo tiempo un fuego inmenso, inexplicable consumía lentamente mis pulmones cortándome el aire, era una especie de fuego, de sobre exposición al calor que me nublaba la razón. Había tantos recuerdos...
Era como si mi mente estuviera sumida en un inmenso flashback que no paraba, llenándome de información, y también de confusión. Sí, como una cinta dropeada de la cual se puede obtener información pero ya fragmentada y nunca más el producto original en ella.
Esos días lluviosos se han ido lentamente, muy lentamente...
Todavía persisten, y aparecen de vez en cuando.
Toda tierra necesita de vez en cuando el agua para subsistir al fin y al cabo, lo importante es no permitir que la marea se apodere de la mente, y cortar los flashbacks innecesarios cuando la progresión dramática de la vida se empeñe en mostrarlos. Después de todo, el mejor argumento es el que se equilibra y mantiene con el subtexto, donde quedan guardados los aprendizajes y las experiencias.
Y eso mismo he debido hacer hoy, darle un toque de cinematografía a ésta noche nostálgica que se empeña en rodar un carrete viejo que no vale la pena guardar, porque no quiero ahogarme otra vez en en esas tempestades de antaño.
No porque el cielo estuviera lleno de nubarrones en escalas de grises. De hecho, el firmamento era un paleta de colores tirada al blanco que contrastaba visiblemente con mi estado de ánimo. Había lluvia, sí, en mis ojos que no paraban de llorar.
Era un sensación extraña, pues mientras no paraba de llover en mi ser, al mismo tiempo un fuego inmenso, inexplicable consumía lentamente mis pulmones cortándome el aire, era una especie de fuego, de sobre exposición al calor que me nublaba la razón. Había tantos recuerdos...
Era como si mi mente estuviera sumida en un inmenso flashback que no paraba, llenándome de información, y también de confusión. Sí, como una cinta dropeada de la cual se puede obtener información pero ya fragmentada y nunca más el producto original en ella.
Esos días lluviosos se han ido lentamente, muy lentamente...
Todavía persisten, y aparecen de vez en cuando.
Toda tierra necesita de vez en cuando el agua para subsistir al fin y al cabo, lo importante es no permitir que la marea se apodere de la mente, y cortar los flashbacks innecesarios cuando la progresión dramática de la vida se empeñe en mostrarlos. Después de todo, el mejor argumento es el que se equilibra y mantiene con el subtexto, donde quedan guardados los aprendizajes y las experiencias.
Y eso mismo he debido hacer hoy, darle un toque de cinematografía a ésta noche nostálgica que se empeña en rodar un carrete viejo que no vale la pena guardar, porque no quiero ahogarme otra vez en en esas tempestades de antaño.

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