"A quien en la ciudad estuvo largo tiempo confinado, le es dulce contemplar la serena y abierta faz del cielo, exhalar su plegaria hacia la gran sonrisa del azul." ~ Jhon Keats.

jueves, 29 de septiembre de 2011

¿Qué Pasa?

¿Qué es lo que me pasa que no me aguanto la felicidad? Estaba contenta, felíz en lo que estaba haciendo, animada por las nuevas perspectivas y ahora todo eso ha sido echado en saco roto, realmente no me lo explico de ninguna manera.

Tuve mal día el martes pasado, vale, pasó... el miercoles no soportaba ni mie xistencia y hoy de repente me pasa igual, da igual si descanso mañana o me llaman del trabajo a decirme que debo ir, esas tonterías no son las que ,e tiene así. Cupido tampoco, estoy hecha a la idea de que ese bastardo me detesta y pormás generosas que sean las propuestas que hay de ser humano, esta señorita en todo el snetido de la palabra, sigue siendo un espejismo. Que tengo alguien muy cercano que me gustaría que lo fuera más por la maravillosa personas que es... vale, eso tampoco, mi problema sigo siendo yo, la reina del drama que habita en mi ser que ha decidido levantar el telón y hacer acto de presencia en las tablas.

Pero no puedo ser deshonesta, también me abruma la proximidad del fin de año y con él las probabilidades de quedar por ahí volando por el cambio de administración, por las ganas que tengo de conocer el mundo, o simplemente, de disfrutar de las cosas sencillas de la vida, como un atardecer en el campo y salir corriendo bajo la lluvia, pero esas cosas no se me permiten ya y me molesta, me siento encerrada en esta pequeña gran ciudad que a veces me ofrece un futuro prometedor, y otras veces sólo me ofrece su feo y gris escenarios de muertes violentas y deslizamientos incontenibles que asesinan a las personas al anochecer, desprevenidas.

¿Qué otra cosa me molesta? No saber nada de mis amigos, vale que crecer hace parte de ese tipo de cosas, pero yo nunca me conformo con lo que tiene que ser siempre lo correcto y muchas veces me voy el lado de lo que yo pienso como estandarte, y la verdad es que no me ha ido tan mal así. Por eso es que extraño mi U de A, sus verdes paisajes, sus oscuros y fríos corredores que me daban alivio, la alegría de ése ambiente universitario en el que casi no logro ganarme un espacio, la libertad de pensar y snetir con tranquilidad... todo ese se me niega en este momento.

La posibilidad de visitar a la abuela sin tener que pensar en el estrés y el corre-corre del trabajo y elk temor inminente de que se muera sin que yo pueda visitarla y pasar un buen rato con ella y mi tçia con tranquilidad, ahora sólo tengo afanes y más afanes y yo, la verdad, no nací para eso, lo odio. Lo que verdaderamente me molesta de todo ésto que siento es no poder controlarlo, apagar el interruptor del malestary seguir estando bien, porque me he dado cuenta de que me pasé la mitad de mi juventud encerrada emtre libros y no quiero pasar el resto que me queda encerrada en unas paredes y con afán todo el día, yo, honestamente, no nací para eos y me rehúso a que mi vida continúe de esa manera.

Por lo pronto, con calam me queda terminar éste año lleno de aprendizajes y de afanes y carreras en el trabajo, acabar la Universidad, ser comunicadora con tarjeta profesional y buscar la felicidad de ahí en adelante en las cosas pequeñas y simples que siempre he disfrutado hasta que un día me llegue lo otro que he buscado desde hace un tiempo y que todavía Cupido no me regala.

Salud, por los tres meses que le quedan a éste año,
Y por Ville que sus temas anima mi Esperanza Sonámbula.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

De Los Directores de Orquesta y el Poder del Pentagrama

Siempre me ha parecido gracioso cuando alguien pregunta, "¿para qué ponen a ese señor a mover las manos delante de la orquesta?" Y bueno, resulta que todo el mundo tiene sus ritmos diferentes y lee las cosas de maneras diversas, aunque exista una partitura que permita organizar el asunto de la mejor manera posible, para eso es un director de orquesta, para ponerle orden al ritmo propio de cada persona y darle uno sólo a la orquesta y en general, los que he tenido en su gran mayoría han sido buenos profesores (maestros, en realidad, ninguno o tal vez uno, que ni siquiera era director de orquesta sino guitarrista). El caso es que llega un momento en el que la autoridad del director se convierte en un autoritarismo que a mí, personalmente, me es imposible de soportar y en general soy buena trabajando bajo las órdenes de los jefes, pero me molesta que los directores de orquesta me quieran cambiar las prioridades en la vida, eso, en definitiva, no lo soporto.


Y creo que ese es mi problema con los directores de orquesta, todos deben tener una autoridad nata que les permita organizar a los 35 o 250 músicos que tengan bajo su mando, pero no sé, eso en una orquesta profesional. Cuando uno está en una orquesta aficionada y se dedica a otras actividades y su carrera no es la música, uno espera que se le respeten sus prioridades y se consideren las características de su estudio o su trabajo. Alguien que trabaje en una empresa como administrador podrá perfectamente llegar a sucasa con tiempo de hacer otras actividades, a nosotros los comunicadores, por otro lado, nosa toca sacrificar tiempo valioso para hacer lo que nos gusta, ya sea cine, RRPP, publicidad, etc... y desde luego, será esa nuestra prioridad.

Por eso le digo, señor director de orquesta, que por más que adore la música, no la pondré por encima de la comunicación y las artes plásticas, que es lo que más me gusta hacer y es por esa razón que renuncio, no a la música, sino a su orquesta aficionada con pretensiones de orquesta priví grandes cosas allí, pero creo que es momento de dedicarme a mis asuntos y buscar la música de otras maneras, porque con su autoritarismo, yo no puedo por el momento.

Buena música mientras tanto,
Marie.

jueves, 18 de agosto de 2011

Abandonando La música

Ya alguien que me conoce mejor que muchos que andan conmigo a toda hora me ha dado su opinión al respecto y estoy de acuerdo. A mí no me pagan por hacer música, pero lo disfruto y me siento viva cuando me entrego al dulce furor de la melodía, de los tonos, de los sonidos entremezclados unos con otros para expresar algo...

Crecí con la música y no puedo dejarla porque ella es parte fundamental de mi vida. Al principio, sentía como si la música me abandonara como si su fuego se apagara lentamente en mi ser y no me permitiera escucharla más y entregarme a su voluntad, pero eso es imposible. Estaba en negación porque mi relación con la música será ahora más difícil... sin embargo, en ningún momento ella me ha abandonado y aunque yo pensé que lo había hecho, aún añoraba su presencia en mi vida y es por ello que aunque sea de una manera diferente y dificil de entender para ambas (la música y yo), nunca la abandonaré porque hace parte de lo que soy, de lo que he sido y de lo que seré.

Música querida, por eso te entrego estas palabras como disculpa por mi derrota anticipada y por haberlo dado todo por perdido cuando había que aumentar la fuerza para la batalla y hoy que lo tengo todo más claro, puedo decir con seguridad que seguiré por ese camino aunque nos duela a ambas que no sea como antes.

sábado, 6 de agosto de 2011

Crecer

Crecer duele y asumirlo es complicado. No se trata de mostrar tu Hoja de Vida en todas partes y esperar a que de alguna parte te acepten. Se trata de aprender a aceptar lo que nos trae la vida y luchar al mismo tiempo por nuestros sueños de niño.

Apenas lo estoy entendiendo. Yo que pensaba que podìa hacer lo que querìa como querìa cuando comenzara a trabajar, me di de frente contra el muro, y la primera reacciòn fue de shock, de miedo, de terror y de angustia por no poder dar marcha atràs, por no poder refigiarme en los "ahora voy", "hoy no quiero", "de malas" en tre otros que significaban de alguna manera "ahorita no me interesa, lo hago despuès". Aquì no, aquì se hace todo ya o ya y porque te lo exigen... no son las jornadas reflexivas de los cortometrajes, ni el tiempo tranquilo de la escritura del guiòn, es otro lenguaje, el mundo del aquì y ahora en medio del afàn es lo que me espera hasta diciembre y aunque todavìa me asusto y pienso que podrìa haber sido de otro modo, es lo que tengo, lo que me toca hacer y lo que debo asumir.

Mientras tanto, es lo que hay, salir de una Universidad que no me gusta y dejar las actividades complementarias atràs es parte de lo que hay en mi presente. Aprender es dificil, y trabajar también, será por eso que pagan. A veces pienso que debí tomarme 6 meses para pensar qué quería hacer con mi vida apenas salí del cole pero no fue así, ahora, sin lágrimas y con la convicción en el pecho, toca salir adelante en lo que venga de aquí en adelante.

sábado, 9 de julio de 2011

La Náusea

No es coincidencia que el título de esta entrada sea, precisamente, La Náusea.

Desde hace un tiempo vengo experimentando algo parecido a Antoine, el personaje principal de La Náusea de Jean Paul Sartre. Tengo una sensación extraña conmigo desde hace un tiempo y no he podido quitarmela de encima, es verdad que la lectura del libro de Jean Paul no me ayuda mucho que digamos, pero, siento que es algo que está por encima de mí y que no puedo controlar, y es la necesidad imperiosa de hacer algo, por más improductivo que sea: desde mirar varias veces el home inactivo del Facebook, hasta revisar varias veces el Time Line de Twitter, ver alguna serie, peli o lo que se le parezca, y cuando no es en el computador, se apoderan de mi los instintos más primarios: comer o dormir. 

Me encuentro en medio de una espiral que no me libera de sus redes y me estoy desesperando. Mi espalda me acusa, la cabeza con su martilleo insesante también. Siento la necesidad de estar ocupada, porque sospecho que detesto sentirme inútil y sin oficio, y, sin embargo, soy capaz de las proezas más grandes cuando se trata de echar a perder el tiempo que nunca recuperaré jamás.

También es cierto que se acerca mi hora de entrar a trabajar por primera vez en mi vida y eso me tiene algo ansiosa, pero ello no justifica mi necesidad de estar ocupada todo el tiempo, como si tuviera que demostrar algo a alguien... cuando a nadie que no sea yo debería importarle. Yo soy mi única juez y motivadora, y caigo en la trampa de sentirme importante cuando los demás observan algunos de mis trabajos bien hechos. No me gusta esta sensación porque he perdido interés en la vida. Me pierdo con facilidad un amanecer por estar haciendo pereza en la cama, pierdo tiempo de calidad con mi madre por andar pendiente de mi mundo virtual ficticio y resquebrajado; dejo a mi perro morir de aburrimiento y me pierdo del aire fresco por pereza de levantarme temprano, o bien, de salir a caminar... y lo que es peor, evito el contacto con la gente por temor a no saber qué conversar, pero al mismo tiempo lo añoro como prueba de que no soy tan fracasada como ser humano como me convencí hace tanto de que era. Es un extraño circulo en el que me siento estancada, y mis ansias de mundo crecen cada vez más y se amontonan en mi cabeza con miles de imágenes de lugares remotos y paradisíacos que quisiera conocer, cuando se me olvida que soy como una Rapunzel encerrada en mi propia torre segura de la que no me atrevo a salir por temor a enfrentarme a lo que sea que venga.

Pero eso debe de cambiar, no sólo porque, como dice un proverbio samurai: "ser y actuar son uno y lo mismo", y yo me estoy negando la oportunidad de ambas cosas, sino porque no me debe dar miedo mostrarle al mundo quién soy realmente, porque, aunque no soy el mejor ser, tampoco soy el más miserable que ha pisado ésta tierra y me merezco una oportunidad como cualquiera, y yo misma soy al llamada de dármela.

martes, 5 de julio de 2011

Infantil Abandono

Era un día caluroso de verano.

La familia estaba reunida pasando un rato agradable en la finca del padre, quien había salido de un matrimonio infelíz y luego habñi llegado a otro, lleno de tranquilidad. Una utopía completa, los hijos del anterior matrimonio se encontraban con él y su esposa pasando el rato.

Uno de ellos decidió salir con su esposa a dar una vuelta y le pareció propicio llevarse a la pequeña nena de su padre. Al parecer a todos les agradó la idea. La madre, sin embargo, tuvo que callar su recelo hacia aquel ofrecimiento. Después de algún tiempo, venian en el auto, el hijo y su esposa, pero la pequeña niña no estaba por ninguna parte. Lo recordaron, la habían dejado en el establecimiento al que habían ido y regresaron por ella.

La niña estaba sentada en una acera al frente de aquel lugar. Dos ríos de lágrimas habñian pasado por sus pequeños ojos café oscuro hacía unos instantes. Los rastros del juego que la había entretenido se habían esfumado y quedaban atrás. 

Volvieron por ella. La niñita no sonrió hasta que estuvo de nuevo en los brazos de su madre, a quién no abandonó ni un instante más. Y ahí estaba la utopía, la bella familia del padre reunida con la antigua... pudo terminar en tragedia, pero no lo hizo. Años después, la niña descubriría la anécdota del primer rechazo que sufrió en su vida, y desde ese entonces confirmó lo que ya sabía: no tenía medios hermanos, tenía unas zanguijuelas interesadas en sacar lo que más pudieran de su padre, ya viejo y empobrecido por culpa de los excesos de los hijos anteriores y ella no permitiría más atropellos, evitaría a toda costa que su padre sufriera, que su madrese angustiara nuevamente, y que su hermano las viera negras a causa de ellos.

Lo que no fue no lo sería nunca.  Las utopías no existen y ella lo sabía perfectamente.